Cómo evitar un ictus

Por |2018-07-31T17:19:25+00:0019 julio, 2018|Ictus|Sin comentarios

Cómo evitar un ictus se ha convertido en una ardua tarea para combatir una enfermedad muy dura, que no solo afecta a la persona que lo padece, sino que también acaba afectando a todo su entorno. El ictus actúa muy rápido y de forma contundente. La detección anticipada y la rapidez en el tiempo de respuesta ante los primeros síntomas  de esta enfermedad es crucial para minimizar los daños cerebrales en la persona.

En este sentido, existen una serie de factores que si se controlan, pueden ayuda a evitar un ictus y disminuir el riesgo de padecerlo. Las personas que se encuentran representadas dentro de estos factores, pueden ser más propensas a sufrir un accidente cerebrovascular. Estos factores se dividen en dos tipos, los no modificables y los modificables:

 

Factores de riesgo no modificables

Como bien refleja su nombre, con los factores no modificables poco podemos hacer para controlarlos. Un de ellos es la edad, ya que las personas que ya cuentan con una avanzada edad, tienen una mayor probabilidad de sufrir la enfermedad. Otro factor a tener en cuenta es que esta enfermedad, afecta mas a mujeres que  hombres. Así el riesgo de sufrir un ictus fatal y no fatal es un 9%/año en varones y un 10%/año en mujeres. Además, la presencia de una enfermedad coronaria o de una insuficiencia cardiaca previa, presenta una mayor probabilidad de padecer un ictus. Por último, los antecedentes de familiares, se asocian también a un aumento de la posibilidad de sufrirlo.

 

Factores que podemos modificar y evitar un ictus

En este punto es donde sí que de forma individual,  podemos tomar una serie de medidas para reducir las posibilidades de padecer esta enfermedad. De hecho, la mayoría de las medidas que ayudan a prevenir un ictus, se basan en seguir hábitos de vida saludables.

cómo evitar un ictus

La fibrilación auricular

La fibrilación auricular es un tipo de arritmia cardiaca  y supone el mayor riesgo relativo de padecer un ictus. Esta enfermedad cardiaca no tratada, puede ser peligrosa para la persona que la sufre. En ocasiones, muchas personas desconocen que tienen este problema y no siguen ningún tratamiento ni medidas para controlarla, lo que puede resultar en una situación muy peligrosa ser fatal para la persona.

Alcohol, Tabaco.

El consumo de tabaco incrementa la posibilidad de sufrir un ictus. De hecho, es uno de los principales factores de riesgo para sufrir esta enfermedad. En este sentido, es bien conocida la infinita lista de efectos perjudiciales que puede provocar el consumo de tabaco incluso desde el primer cigarrillo. Entre otros muchos, el tabaquismo endurece  y obstruye las arterias principales consiguiendo que el flujo sanguíneo no llegue en la cantidad adecuada y privando del oxigeno y glucosa suficientes que el cerebro necesita.

El alcohol, puede formar parte de nuestra vida si se consume de forma moderada y responsable. Hacerlo en exceso y de manera diaria, es un factor de riesgo que aumenta la posibilidad de sufrir un ictus.

Sedentarismo, colesterol y obesidad.

Una de las principales formas de evitar un ictus, es la práctica de ejercicio. 30 minutos de ejercicio moderado diario, ayuda a mantener tu cuerpo activo y fortalece tu corazón. Es importante realizar alguna actividad física si se sufre sobrepeso u obesidad  para reducir la presión arterial y tener controlado los niveles de colesterol (LDL). Todos estos factores, aumentan el riesgo de sufrir un ictus frente a las personas que llevan unos buenos hábitos de vida.

Para personas mayores de 40 años que no practican ejercicio desde hace mucho tiempo es muy recomendable que a la hora de retomar, lo hagan de forma moderada y se realicen un reconocimiento médico previo para comprobar que no existe ningún problema de salud.

Diabetes

Una diabetes mal tratada, puede llegar a recortar tu vida hasta 10 años. Las personas diabéticas que no llevan un correcto control de su enfermedad, duplican la posibilidad de sufrir un ictus.

Hipertensión

La hipertensión arterial se produce por un aumento de la presión arterial de la sangre. Las arterias se endurecen y se ensanchan a raíz de tener que soportar una mayor presión arterial de forma continuada. Estas alteraciones provocan que la sangre no circule correctamente y que las arterias se deterioren y puedan romperse produciéndose una hemorragia en el cerebro.

Control del estrés

Neurólogos españoles aseguran que el estrés crónico aumenta la posibilidad de sufrir un ictus. El estrés nos crea ansiedad y altera la presión arterial. Saber cómo controlar el estrés es muy recomendable para evitar sufrir un ictus y para mejorar la calidad de nuestra salud. Lo mejor para controlar el estrés y frenar sus efectos perjudiciales es el deporte. No hace falta ser un científico para conocer los efectos beneficiosos que el deporte originan en nuestro organismo, tanto a nivel físico como mental.

Estenosis Carotídea

Las arterias carótidas internas son las responsables, junto con las arterias vertebrales de hacer llegar la sangre al cerebro. Cuando éstas se endurecen o se ensanchan por la arteriosclerosis , provocando una disminución del diámetro de la arteria y pueden ser causa de un infarto cerebral o ictus. Se estima que más del 50 % de los infartos cerebrales son ocasionados por una estenosis carotídea.

 

En definitiva, podemos concluir que esta enfermedad, es dura y ataca prácticamente sin avisar. Controlando estos factores de riesgo que te hemos presentado aquí, podrás evitar un ictus. Por eso, es importante que te conciencies y adoptes unos hábitos de vida saludables, además de educar a los más pequeños y a los más mayores de la familia para que lleven una vida saludable.